Llevo 12 horas caminando a través de la maraña de este muro vegetal de 575.000 hectáreas que Panamá y Colombia comparten en la frontera y me doy cuenta, cuando estoy a punto de desfallecer por el cansancio, el calor y la humedad, que si no me levanto y sigo adelante se va a quedar conmigo.
El paso entre Colombia y Panamá, conocido también como el Tapón por las inmensas dificultades que suma para atravesarlo, se ha convertido en la travesía de los desesperados que buscan una nueva vida, sobre todo venezolanos, cuya presencia se ha multiplicado en los últimos meses. Un camino que parece un infierno en el que exhiben los peligros de la selva y se esconde la maldición del ser humano: bandas de delincuentes roban, matan y violan a mujeres.
Veinticinco migrantes haitianos lograron aferrarse al casco de su bote cuando zozobró frente a las Bahamas.Diecisiete personas murieron, incluido un niño. El barco, una lancha rápida, se dirigía a Miami. Cada vez más haitianos arriesgan sus vidas en su intento de llegar a EE. UU. para huir de la violencia pandillera y la pobreza en su país.
Gracias a una denuncia anónima, hoy se logró rescatar a 230 migrantes que estaban albergados dentro de una bodega ubicada sobre la carretera México-Querétaro.
Edwel Chirinos está devastado en Utah tras la pérdida de su mujer y su niña de 3 años. “Le dije que no cometiera esa locura”, recuerda. Al menos 10 personas han muerto en los últimos días al intentar cruzar esta peligrosa selva entre Colombia y Panamá.
Niñez cruzando el Bravo a pesar del crimen, la migra y la pandemiaCon apenas 13 años de edad, Daniel —seudónimo— ya había cruzado la frontera Tamaulipas-Texas de forma irregular en siete ocasiones; de éstas, fue deportado en cinco. En una entrevista realizada en el año 2018, narró que tenía dos meses trabajando para un pollero que había conocido por un amigo, él cruzaba “por el [río] Bravo a los pollos” o migrantes y le pagaban “muy bien”. La primera vez que su madre supo lo que él hacía, se molestó y preocupó; después, ante la precariedad familiar, lo vio como un ingreso útil. Chicos como Daniel forman parte de algunos niños, niñas y adolescentes que cruzan la frontera, aunque engañados o amenazados por actores criminales de la región para participar en el tráfico de migrantes como enganchadores o guías.
En la peligrosa zona del Tapón del Darién convergen dos crisis: el desastre económico y humanitario que azota Sudamérica y la encarnizada batalla por la inmigración.
El 911 recibió varias llamadas en San Antonio, Texas, de presuntos migrantes indocumentados que aseguraron estar encerrados en un contenedor y tenían dificultad para respirar