En la frontera entre Ciudad Juárez (Chihuahua) y Nuevo México (Estados Unidos) se iniciaron obras para construir un nuevo tramo del muro fronterizo, que busca dificultar el cruce irregular de migrantes. Las labores forman parte de la ampliación anunciada por la administración federal estadounidense en junio pasado.
Las obras se extienden desde Rancho Anapra hasta la garita Jerónimo–Santa Teresa, abarcando unos 11 km de terreno, y en algunos tramos la barrera llegará a 12 metros de altura con doble valla.
Para permitir los trabajos, las autoridades de Estados Unidos realizaron detonaciones controladas con dinamita cerca de la Sierra Muleros (también conocida como Cristo Rey Mountain), lo que provocó advertencias a la población sobre posibles estruendos cerca de la zona fronteriza.
El Ayuntamiento de Ciudad Juárez emitió avisos para que las personas se mantuvieran alejadas de los puntos de construcción, a fin de evitar riesgos por las explosiones y las labores de maquinaria pesada.
Organizaciones ambientales han expresado preocupación por el impacto del muro en el corredor biológico entre la Sierra de Juárez y la Sierra Franklin, advirtiendo que la barrera puede afectar gravemente la flora y fauna de la región, al interrumpir corredores naturales que no reconocen fronteras políticas.
Este avance en la infraestructura fronteriza ocurre en un contexto de políticas migratorias más estrictas por parte de Estados Unidos, donde diversas medidas buscan controlar y reducir los cruces irregulares de personas en situación migratoria tanto desde México como desde otros países.












