Durante los primeros días de 2026, al menos cuatro migrantes murieron mientras se encontraban bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en Estados Unidos. Las muertes ocurrieron en distintos centros de detención y afectaron a personas originarias de Honduras, Cuba y Camboya, con edades que iban de los 42 a los 68 años, de acuerdo con información oficial difundida por las autoridades migratorias.
Uno de los casos que más impacto generó fue el de Luis Beltrán Yáñez-Cruz, un ciudadano hondureño de 68 años. Su familia señaló que, antes de ser detenido, se encontraba estable y sin problemas graves de salud. Sin embargo, una vez bajo custodia migratoria, su estado se deterioró rápidamente. Sus familiares aseguraron que no fueron notificados oportunamente sobre su hospitalización ni sobre la gravedad de su condición, hasta que recibieron la noticia de su fallecimiento.
Las otras tres muertes también ocurrieron tras emergencias médicas dentro del sistema de detención. Entre ellas, un migrante cubano que presentó un cuadro de angustia severa, otro hondureño que falleció por complicaciones cardíacas y un ciudadano camboyano que sufrió una crisis médica asociada a problemas de salud previos. En todos los casos, las autoridades indicaron que se activaron los protocolos correspondientes, aunque las circunstancias siguen generando cuestionamientos.
Estos decesos se suman a un incremento sostenido de muertes en centros de detención migratoria, luego de que el año fiscal anterior cerrara con la cifra más alta registrada en más de dos décadas. El aumento coincide con un mayor número de arrestos y con niveles récord de personas detenidas por motivos migratorios en Estados Unidos.
Actualmente, decenas de miles de migrantes permanecen bajo custodia del ICE, muchos de ellos a la espera de resolución de su situación legal. Especialistas en temas migratorios han advertido que la saturación de centros y la complejidad médica de algunos detenidos representan un desafío constante para el sistema, especialmente cuando se trata de personas mayores o con padecimientos previos.
Más allá de las cifras, estas muertes reflejan el impacto humano de la migración irregular y de los procesos de detención. Familias separadas, duelos a distancia y preguntas sin respuesta forman parte del costo social que acompaña a estos casos, tanto en Estados Unidos como en los países de origen.
El inicio de 2026 deja así una señal de alerta para la región: mientras la migración hacia Estados Unidos continúa, los riesgos no terminan al cruzar la frontera. Las muertes bajo custodia migratoria reabren el debate sobre las condiciones de detención y anticipan un año complejo para miles de personas que siguen apostando su futuro al camino migrante.












