La llegada de estudiantes internacionales a Estados Unidos cayó casi un 20 % en agosto en comparación con el mismo mes del año anterior. Se trata del mayor descenso desde la pandemia, y afecta tanto a quienes regresaban a sus estudios como a quienes planeaban iniciar una carrera académica en el país. Esta tendencia enciende alarmas sobre el futuro de la migración educativa hacia uno de los destinos más tradicionales para jóvenes de todo el mundo.
El desplome responde a una política migratoria más restrictiva que ha endurecido el acceso a visados de estudiante, especialmente para ciudadanos de países considerados de “alto riesgo”. Las autoridades han implementado nuevas medidas de control, incluyendo la revisión de perfiles en redes sociales y mayores exigencias documentales. En junio, incluso se suspendieron temporalmente las visas para nuevos estudiantes aceptados en instituciones de alto prestigio.
Los estudiantes asiáticos, que representan más del 70 % de la población internacional en universidades estadounidenses, han sido los más afectados. En agosto, el número de estudiantes provenientes de India se redujo en un 44 %, marcando un golpe significativo. También China ha mostrado una disminución constante en los últimos meses, en medio de tensiones diplomáticas y mayores requisitos de entrada.
En América Latina, la situación tampoco es alentadora. Los estudiantes de la región registraron una caída del 11 % en sus llegadas a EE. UU., siendo Colombia uno de los países más golpeados, con una reducción del 16 %. Mientras tanto, otras regiones como Europa han experimentado descensos más moderados, e incluso algunos países, como Reino Unido, muestran un leve aumento en sus flujos.
Las universidades estadounidenses, que durante décadas han dependido de la matrícula internacional tanto en términos financieros como académicos, ya comienzan a sentir el impacto. Muchas instituciones informan de una creciente competencia por parte de universidades canadienses, europeas y australianas, que ahora se presentan como destinos más accesibles y seguros para los estudiantes migrantes.
Más allá de los números, el impacto humano es profundo. Jóvenes con planes de estudio internacional enfrentan hoy procesos más largos, costosos y llenos de incertidumbre. A menudo deben postergar o abandonar sus proyectos debido a demoras, rechazos o cambios de normativa a último momento, lo que representa no solo una pérdida económica, sino también emocional y profesional.
Si estas barreras se mantienen, Estados Unidos corre el riesgo de perder su liderazgo como centro global de formación académica. Pero más preocupante aún es el riesgo de que miles de talentos queden fuera del sistema por causas ajenas a su mérito. En juego no solo están estadísticas, sino también los sueños de quienes ven en la educación un puente hacia un futuro mejor.












