En los últimos años, México ha pasado de ser principalmente un país de origen o tránsito de personas migrantes a convertirse en un destino final para miles de personas que huyen de la violencia, la pobreza o la falta de oportunidades, de acuerdo con observadores y organizaciones especializadas.
Tradicionalmente, la migración desde México estuvo marcada por desplazamientos hacia Estados Unidos, donde millones de mexicanos han vivido o trabajado, en muchas ocasiones sin documentos regulares. Hoy, sin embargo, se observa un cambio en las dinámicas migratorias: personas originarias de Centroamérica, el Caribe, Sudamérica y otras regiones ya no solo transitan por México, sino que lo eligen como lugar para quedarse, trabajar o pedir asilo.
En un reporte del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), cerca del 66 % de las personas encuestadas que llegaron a México en 2025 expresaron que ven al país como su destino final, una proporción mayor que en años anteriores, cuando la mayoría priorizaba llegar a Estados Unidos.
Expertos en migración señalan que este giro se debe a varios factores, como el endurecimiento de las políticas migratorias en la frontera norte de Estados Unidos, limitaciones para solicitar asilo allí, y la evaluación de que México puede ofrecer oportunidades de integración laboral y comunitaria, en parte por el idioma y la creciente presencia de redes de apoyo.
El cambio no solo implica un movimiento físico de personas, sino también desafíos de política pública, ya que México debe fortalecer sus mecanismos de protección, acceso a servicios básicos y facilidades para la integración de quienes deciden establecerse de manera permanente o prolongada.
Aunque recién se están observando estas tendencias de forma más clara, analistas ven que la transformación de México en un destino migratorio podría seguir consolidándose en los próximos años, con implicaciones no solo demográficas, sino también económicas y sociales en diversas regiones del país.











