Reclutan a niños como “Polleritos”

Reclutan a niños como “Polleritos”

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Grupos delincuenciales utilizan a menores de edad para guiar a migrantes que buscan llegar a EU.

Con pagos de hasta 380 dólares (alrededor de siete mil 300 pesos) por migrante, decenas de niños y adolescentes de esta ciudad fronteriza son usados como guías del desierto, por grupos del crimen organizado, para burlar a las autoridades de México y Estados Unidos, en el tráfico ilegal de personas y drogas. Se trata de menores entre los ocho y 17 años de edad, conocidos como coyotitospolleritos o “menores circuito”, que son reclutados para guiar a los migrantes hacia el llamado sueño americano, por el río Bravo, el desierto, el muro fronterizo o los cerros que unen a ambos países.  

Lejos de la escuela, de familias vulnerables y sin mayores oportunidades, estos menores son iniciados en una vida delincuencial, y muchas veces también en el consumo de drogas, explicó Jesús Peña Muñoz, investigador de migración del Colegio de la Frontera Norte (Colef).

“Ya la figura del coyote o el pollero como la conocíamos ya no existe, ya es parte de una red de trafico de drogas y de personas… Los menores de edad ya no solamente participan en los flujos migratorios como menores migrantes no acompañados, sino que han desarrollado papeles mucho más complejos en los que son herramientas para burlar o para superar los controles migratorios, son literalmente usados”, destacó el especialista.

Estos menores comenzaron a ser utilizados porque en su mayoría son vecinos de la línea divisoria y conocen bien la zona, además de que, debido a su minoría de edad, las autoridades de Estados Unidos no los pueden procesar; los repatriaban inmediatamente hasta que comenzaron a detectar el fenómeno y aumentaron los tiempos de detención, por lo que su repatriación pasó de tardar unas horas a días y semanas, hasta llegar a meses, según el número de reincidencias.  

ERAN INVISIBLES

Kevin tiene 17 años de edad y no lo ve así. Desde hace tres años forma parte de un grupo delincuencial en Ciudad Juárez, al recibir un sueldo por guiar a los migrantes hacia Estados Unidos a través de los cerros, trabajo que ya le enseña a sus dos primos de ocho y 10 años. Jorge ya cumplió 18 años, pero de los 11 a los 15 se dedicó al cruce ilegal de personas y drogas, a las que también fue enganchado. A Ángel, de 16 años de edad, lo quisieron reclutar para que cruzara migrantes por el muro fronterizo, pero asegura que no aceptó por miedo a ser detenido, aunque conoce bien el proceso de cruce ilegal, porque ha sido testigo varias veces y algunas otras dice que ha ayudado a cruzar a indocumentados junto con sus vecinos. Sergio Adrián, murió el 7 de junio de 2010, a los 16 años de edad, cuando un agente de la Patrulla Fronteriza le disparó en el río Bravo, de acuerdo con las autoridades “jugaba a ser pollero” y había sido repatriado en varias ocasiones por las autoridades de Estados Unidos. Todos ellos tienen en común la pobreza, la deserción escolar y la cercanía a la frontera, Algunos, además, son alentados por sus propias familias para obtener dinero fácilmente, o siguen el trabajo que tuvieron sus hermanos.  

Son menores que llegan a conocer tan bien los procedimientos que se llevan a cabo durante todo su proceso de repatriación que logran manipularlo, agilizando el proceso de su salida y dificultando llegar con los autores intelectuales, explicó el investigador Rodolfo Rubio Salas, en el libro Migración, urbanización y medio ambiente en la región Paso del Norte, publicado por el Colef. Y aunque desde 2001 se comenzó a ver el fenómeno, fue hasta 2007 cuando se inició un programa de prevención por parte de las autoridades en Ciudad Juárez, pero porque era poco entendido, “todo el tiempo se entendía que eran menores no acompañados y fueron invisibilizados. Y ellos (el crimen organizado) lo sabían… ellos siempre están buscando innovar en los procesos de migración ilegal, ahorita deben estar haciendo algo que todavía no detectamos”, destacó Peña Muñoz.

COLONIA DE POLLEROS

De acuerdo con las cifras manejadas por Rubio Salas en su publicación, en 2006 se registraron 25 casos de menores de circuito, con hasta nueve reingresos por persona; en 2007 fueron 114 casos, con un máximo de 12 reingresos por adolescente, y en el primero semestre de 2008 se registraron 48 casos, con 60 reincidencias en total.   Datos de la Unidad de Política Migratoria del Instituto Nacional de Migración indican que en 2015 fueron detectados 80 menores de circuito y cerca de 100 en 2016, mientras que de enero a julio de este año han repatriado a 671 menores y “la mayoría son de Chihuahua, la mayoría son gente de la colonia Anapra de Ciudad Juárez, que se dedica a pasar migrantes a El Paso, Texas”, se informó.   El módulo de atención a niñas, niños y adolescentes migrantes no acompañados o separados es la primera instancia que recibe a los menores de circuito. Ahí se les proporciona atención médica –si la necesitan–, hidratación y alimentación.   Cuando son recibidos por primera vez, son entregados a sus padres, pero cuando hay reincidencias se da aviso a las autoridades, informó Diego Gutiérrez Aranda.  

“La primera vez es nuestra obligación y es el derecho de la niña o del niño ser entregado aquí, pero si vuelve a reincidir en el fenómeno migratorio se va a privar el derecho que tiene el familiar de volvérselo a entregar a él, porque eso nos está indicando a nosotros que se está cometiendo una omisión de cuidados en contra del adolescente al ponerlo en riesgo y lo ponemos a disposición del Estado de origen”, destacó.

  Muchas veces la familia está enterada y de acuerdo con la actividad del menor, “incluso la familia también está involucrada en el tráfico de drogas o de personas, tan es así que todavía ni siquiera nos llega el adolescente y ya está la mamá allá afuera para que se lo entreguemos. Ni siquiera estamos notificados que fue detenido y ya están esperándolo”, dijo.

  Pero no son sólo las familias quienes se acercan para recoger a estos menores una vez que son repatriados, ya que integrantes de grupos criminales han llegado a amenazar a las autoridades para que se los entreguen.  

“Inclusive los patrones están (a veces) afuera esperándolo… Cuando vemos que hay una situación de riesgo y que pone en riesgo la integridad del personal, y que la familia está consintiendo el acto que está haciendo el niño, pues nosotros nada más le damos la recomendación a los familiares para no poner en riesgo al personal e inclusive a otros adolescentes que tengamos ahí”.

“Hemos tenido altercados con gente del crimen organizado que quiere sacar a los adolescentes de ahí. Afortunadamente no ha pasado a mayores, pero no podemos poner nosotros en riesgo la integridad del personal, ni de los otros adolescentes que no tienen nada que ver con el crimen organizado”, detalló. Por ello, cuando el menor de circuito necesita atención médica, las autoridades de Salud lo atienden rápidamente para prevenir que al salirse de la ruta de traslado sea sustraído de las autoridades por integrantes de los grupos criminales.   Cuando se detecta a un menor que está trabajando en el cruce ilegal de personas, “les damos opciones a la familia. Les preguntamos ¿qué es lo que necesita? Dicen: ‘No, pues, es que yo veo muy buen ingreso del menor por esa parte y con eso no le falta nada y él lo va a seguir haciendo’. Entonces nosotros lo que hacemos es dar vista al Ministerio Público, en el sentido de que está siendo victima del delito de trata”.  

GANAN MÁS QUE SUS PADRES

La cercanía con las ciudades de El Paso, Texas, y Las Cruces y Sunlad Park, Nuevo México, el aumento en la seguridad en ambos lados de la frontera y la construcción del muro fronterizo convirtieron a Ciudad Juárez en un cruce caro para los migrantes. A diferencia de otros lugares en los que los migrantes tienen que caminar hasta seis días para cruzar la frontera, en Juárez basta con recorrer durante dos horas los cerros, o brincar en un minuto el muro de acero para estar en el vecino país, guiados por los menores.  

  Los costos del cruce, según los propios migrantes, van desde los 3 mil hasta los 6 mil dólares, y aunque los menores de circuito reciben un bajo porcentaje de dichas cantidades sí son cifras altas en comparación con las que pueden ganar sus padres como operadores de maquiladora, ya que la mayoría de ellos provienen de familias de muy escasos recursos. Mientras que el sueldo promedio como operador en una maquiladora de la ciudad es de 8 mil 500 pesos mensuales, estos menores llegan a obtener hasta 800 dólares por semana, es decir 14 mil 800 pesos aproximadamente.  

“Si son mexicanos, les pagan 100 dólares por persona (aproximadamente mil 850 pesos); si son de Guatemala y Honduras, les pagan 150 dólares (dos mil 775 pesos); si son de El Salvador, Nicaragua, ya un poquito más alejados, les pagan 200 (tres mil 700 pesos). Por brasileños les pagan 250 dólares (cuatro mil 625 pesos) por persona”, aunque en algunos casos los ofrecimientos para convencer a los menores son mayores. “Me dijeron que así, 380 dólares (cerca de siete mil 300 pesos), cada pollo que cruces, cada mono que cruces. Es puro menor el que está traficando… A mí me han ofrecido trabajo para cruzar, pero me da miedo que me agarren. Me dicen que no hacen nada los migras, pero de todos modos me da miedo”, “Los agarran y como son menores los avientan al DIF, pa’ acá, y aquí pues va la madre por ellos”, explicó Ángel, a El Heraldo de México.

  Aseguró que, a diferencia de Kevin, quien recibe de 100 a 150 dólares por migrante y quien ya está enseñando a sus primos, él tiene miedo, por lo que no aceptó el trabajo.  

“Hay muchos que sí se avientan seguiditos. Van y llegan y nomás se están un día aquí y vuelven a regresar. Pero sí esta gacho porque por un lado está bien, agarras dinero y todo, pero por el otro lado no, cuando te agarran y es más tiempo (detenido), hasta que duras un año, dos años”, dijo.

  Cuando el migrante sólo quiere que le ayuden a cruzar tiene un pago, pero si quiere que lo ayuden a llegar hasta las primeras casas de Estados Unidos, debe pagar más. Kevin vive muy cerca de la línea fronteriza, por lo que conoce bien los cerros, mismos que ya recorre junto con sus primos, de ocho y 10 años, y otros vecinos.  

“A veces nos llegan diario, a veces no, pero de repente llegan en grupos y los llevamos a todos”, aseguró.

  También confesó que “nadie se va de a gratis”, ya que cuando un migrante no trae dinero para pagarles y les pide ayuda, lo utilizan como carnada con la Patrulla Fronteriza: le hacen creer que lo ayudarán a pasar y en realidad “lo ponen” para que sea detenido, mientras ellos le ayudan a cruzar la frontera a otros indocumentados. A diferencia de Ángel, Kevin no tiene miedo, busca intimidar a la gente y dice riendo que fue expulsado de la primaria por darle una nalgada a su maestra, y nunca le interesó, ni a él ni a su familia, su regreso a las aulas. Él no sabe qué será de su futuro, porque pronto cumplirá los 18 años, pero espera “tener trabajos más grandes”, en los que pueda seguir ganando dinero, ya que ser coyote será más difícil porque ya ha sido detenido por la Patrulla Fronteriza casi una veintena de veces, pero ha logrado salir a los pocos días, semanas o meses, debido a su minoría de edad.  

UN FUTURO RIESGOSO

El problema de los menores de circuito es analizado en las mesas de migración en las que participan distintas autoridades, organizaciones, activistas e investigadores relacionados con el tema en la ciudad.   “La deserción escolar es uno de los problemas de estos niños, y lo que quiere el DIF es darle seguimiento durante tres años. Es imposible darles seguimiento toda la vida, llega un momento en el que tiene que terminar la intervención. Pero trabajan con sus familias y hermanos. Es muy importante prevenir y cuidar el futuro de estos menores”, destacó el investigador Peña Muñoz. La tarea de las autoridades es prevenir que más niños y adolescentes continúen involucrándose y evitar que quienes ya están sumergidos en el fenómeno continúen con las actividades que hacen los grupos que los contratan.   Fernando Loera García estudia también desde hace años el fenómeno, por lo que hace meses presentó en Ciudad Juárez una ponencia sobre “Los niños migrantes invisibles”, en la que recordó el caso de Sergio Adrián Hernández Güereca, que a los 16 años fue asesinado, el 7 de junio de 2010, por un agente de la Patrulla Fronteriza, en el bordo del río Bravo.  

“Era un adolescente que contaba con antecedentes de haber sido partícipe de manera repetitiva en estas prácticas”, dijo quien fue director del albergue para menores migrantes repatriados en la ciudad, aunque esto es negado por la madre de Keko, Guadalupe Güereca, quien asegura que su hijo sólo estaba jugando a la orilla del río Bravo.

Hasta 2017 habían sido atendidos 350 menores dentro de programas de prevención y seguimiento, informó entonces.   Uno de los mayores riesgos es que esta actividad de cruzar migrantes de manera ilegal ha convertido la participación de estos niños en “una especie como de ritual de iniciación para ser partícipes de otras actividades delictivas”, destacó Loera García.   “¿Qué va a pasar con ellos cuando cumplan los 17 años?, porque termina su trabajo como traficante de personas. Entonces, muchos de ellos comienzan el proceso de captación de otros menores, empiezan a desarrollar capacidades de liderazgo dentro de sus comunidades, pero están siendo estimulados por la delincuencia organizada”, apuntó.   Loera García destacó además que las autoridades encargadas de la seguridad o de la impartición de justicia no han podido, o no han querido, brindar atención al fenómeno que se presenta en toda la frontera entre México y Estados Unidos.  

“El fenómeno de niñas, niños y adolescentes de circuito tiene varios niveles. El primero tiene que ver con esta actividad económica que hacen de ser desde halcones (vigilantes) frente a la migra (Patrulla Fronteriza), distractores, hasta quienes acarrean, acompañan y cruzan gente, con la ventaja de ser menores de edad. Pero el fenómeno es una práctica familiar histórica, y el asunto es que si no lo detenemos va a ir creciendo hasta volverse parte de una banda de delincuencia organizada”, subrayó José Luis Flores, especialista en temas de infancia.

  La atención debe darse desde la persecución de los grupos de la delincuencia organizada, aunado a la prevención, por lo que “el tema está en la mesa”, aseguró.  

  Dijo que el Sistema de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes(Sipina), el Instituto Nacional de Migración (INM), DIF estatal y municipal, y otros actores como la Fiscalía de Chihuahua y la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes, trabajan en el tema.  

“Desde la mirada de Estados Unidos, México tendría que hacer cargos hacia los padres, pero no es así. Entonces, la única estrategia que tienen es cada vez detenerlos más tiempo para que dejen de delinquir”, destacó Flores.

  El problema es que para muchos de estos menores es una práctica normalizada, que los mantiene en riesgo de escalar en el fenómeno de violencia dentro de los grupos del crimen organizado.

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