La directora de Migración Colombia, Gloria Arriero, reveló recientemente estimaciones que ponen a prueba los preparativos del país frente a posibles cambios migratorios en la región. Según las cifras oficiales más recientes, actualmente hay más de 66.000 ciudadanos venezolanos en situación irregular, mientras otros cientos de miles se encuentran en proceso de regularización o cuentan con permisos vigentes para permanecer en el país.
Arriero explicó que los flujos migratorios entre Colombia y Venezuela hasta ahora se han mantenido en niveles “normales”, con movilidad pendular diaria de personas que cruzan por motivos de trabajo, comercio o acceso a servicios. Sin embargo, advirtió que estos patrones podrían modificarse drásticamente si se produce una coyuntura “anormal” en el país vecino, lo que llevaría a un incremento significativo de la migración hacia Colombia.
El escenario hipotético planteado por las autoridades contempla que si el número de ingresos pendulares se duplicara —pasando de un promedio de alrededor de 73.000 personas por día a más de 145.000— y un 30 % de ese total decidiera quedarse en Colombia, el país enfrentaría un aumento abrupto de población extranjera en un corto tiempo. Estas proyecciones ponen de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas de atención y gestión migratoria ante eventos geopolíticos o crisis internas en la región.
Este tipo de estimaciones cobran relevancia en medio de un contexto latinoamericano en el que se han observado movimientos masivos de personas en distintas direcciones, no solo desde Venezuela hacia Colombia, sino también en flujos inversos y en tránsito hacia otros destinos. El fenómeno migratorio sigue siendo complejo y dinámico, con impactos directos en economía, trabajo, servicios públicos y cohesión social en países receptores.
Migración Colombia ha reforzado sus protocolos y trabaja conjuntamente con el Ministerio de Relaciones Exteriores para diseñar planes de contingencia que permitan responder a posibles olas migratorias sin precedentes. Esto incluye monitoreo constante de los pasos fronterizos, ajustes en la atención consular y colaboración con organismos internacionales y autoridades regionales.
Las declaraciones de Arriero subrayan que, aunque la situación actual no presenta alarmas inusuales, las condiciones políticas y sociales en países vecinos pueden alterar drásticamente los escenarios migratorios en cuestión de semanas o meses. En ese contexto, las cifras presentadas funcionan como una advertencia y una llamada a la acción para las instituciones colombianas y la sociedad en general.
Colombia sigue siendo uno de los principales países de acogida de migrantes en la región, lo que plantea retos sostenidos en la integración, acceso a servicios y confianza en los mecanismos de protección migratoria. Las proyecciones actuales dejan claro que, más allá de los números, se trata de preparar respuestas humanas, organizadas y sostenibles ante posibles oleadas migratorias futuras.












