CIUDAD DE MÉXICO — La cancelación del sistema CBP One por parte de Estados Unidos dejó varados a cientos de miles de migrantes en la capital mexicana, transformando una ciudad de paso en un destino de asentamiento forzoso. Lo que era una ruta hacia el norte ahora se convirtió en una lucha diaria por sobrevivir, con recursos limitados y grandes desafíos para acceder a servicios básicos.
Se estima que alrededor de 300 mil personas quedaron sin opciones, atrapadas en un limbo legal y social dentro de México. Muchas habían planeado avanzar hacia Estados Unidos, pero la suspensión abrupta del sistema dejó sus planes truncos y obligó a miles a improvisar una vida en un entorno desconocido.
Ciudad de México ya era un nodo importante en la ruta migratoria, pero en poco más de un año la cantidad de residentes extranjeros creció significativamente, aumentando la presión sobre la vivienda, el empleo y los servicios públicos. Los migrantes se enfrentan a la realidad de colonias marginales y zonas donde el acceso a salud, educación y transporte es insuficiente.
Las comunidades de migrantes se han fragmentado en distintos puntos de la ciudad y su periferia. Algunos logran ubicarse en áreas con acceso parcial a servicios, mientras otros deben sobrevivir en condiciones precarias, sin infraestructura adecuada y expuestos a la violencia o al desamparo social.
El impacto va más allá de lo físico: los testimonios reflejan que el trauma de la violencia en sus países de origen, la separación familiar y la precariedad se suman al desgaste psicológico de no poder continuar hacia el norte. Para muchos, la migración dejó de ser una estrategia de movilidad y pasó a ser una lucha diaria por sobrevivir.
Organizaciones humanitarias han ampliado su asistencia, ofreciendo atención médica, apoyo psicosocial y recursos básicos. Sin embargo, la demanda supera la capacidad de respuesta, y miles de personas siguen atrapadas sin rutas legales claras ni redes de apoyo sólidas.
Mientras los puntos fronterizos muestran menos presión, esta reducción no significa alivio; es una reubicación silenciosa de la crisis migratoria hacia el interior de México. Miles de personas continúan enfrentando la incertidumbre, la inseguridad y la necesidad de construir una nueva vida en un país que ahora los acoge por obligación y no por elección.












