Los migrantes son el nuevo gran negocio de los cárteles

Los migrantes son el nuevo gran negocio de los cárteles

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Con la ola migratoria descontrolada desde finales de 2018, las organizaciones criminales han enfocado sus baterías en el secuestro y a quienes logran pagar su rescate los marcan, a quienes no, los desaparecen. 

La historia del fenómeno migratorio a través de México en los años de Andrés Manuel López Obrador es un catálogo de omisiones y abusos. Sobran motivos para preocuparse -e indignarse. Es aberrante la desesperación de los migrantes en la frontera Sur de México, donde Tapachula es escenario de incontables atropellos, entre ellos una creciente industria de esclavitud sexual.

La situación en la frontera Norte no es mejor. Desde la aplicación del programa Permanezca en México, que remitió a decenas de miles de migrantes a vivir en condiciones de extremo peligro (con la colaboración del Gobierno mexicano), las ciudades fronterizas se han llenado de historias de sufrimiento.

El horror de San Antonio -donde medio centenar de migrantes, en su mayoría mexicanos, murieron asfixiados- exhibió el alcance de la desesperación de quien busca llegar a Estados Unidos para poder simplemente sobrevivir.

La culminación de estos horrores es la consolidación de un negocio ilícito de tráfico de seres humanos que, de acuerdo con revelaciones recientes, ha convertido la migración por México en un peligro de proporciones inéditas.

De acuerdo con un reporte reciente del New York Times, que parte del análisis de datos del Departamento de Seguridad Interior estadounidense, el tráfico de personas por México ha dejado de ser un negocio de “coyotes” individuales o bandas aisladas para transformarse en una horrenda industria, encabezada por el crimen organizado mexicano. El resultado ha sido una explosión en ganancias para las redes de trata.

El tráfico de migrantes en la frontera sur de Estados Unidos ha evolucionado en los últimos 10 años de una red dispersa de coyotes independientes a un negocio internacional multimillonario controlado por el crimen organizado, incluidos algunos de los cárteles de la droga más violentos de México.

  • El mes pasado, la muerte en San Antonio de 53 migrantes que iban atiborrados en la parte trasera de un tractocamión sin aire acondicionado –el incidente de tráfico de personas más mortífero en el país hasta la fecha— sucedió en un momento en que las restricciones fronterizas de EE. UU., exacerbadas por una directiva sanitaria pandémica, han alentado a que cada vez más migrantes recurran a los contrabandistas.

Si bien los migrantes tradicionalmente han enfrentado secuestros y extorsión en las ciudades mexicanas fronterizas, dichos incidentes han ido en aumento en el lado estadounidense, según las autoridades federales.

El año pasado, más de 5046 personas fueron arrestadas y acusada de tráfico humano, un incremento respecto a las 2762 en 2014.

En el último año, agentes federales han realizado casi a diario operativos en casas de seguridad que contienen a decenas de personas migrantes.

  • El Título 42, la orden de salud pública introducida por el gobierno de Donald Trump al principio de la pandemia de coronavirus, ha autorizado la expulsión inmediata de quienes han sido atrapados cruzando la frontera de forma ilegal, lo que permite a los migrantes cruzar repetidamente con la esperanza de tener éxito en algún momento. Esto ha ocasionado un aumento significativo de encuentros con migrantes en la frontera —1,7 millones en el año fiscal 2021— y un pujante negocio para los traficantes.

En un solo día de marzo, cerca de El Paso, los agentes rescataron a 34 personas migrantes de dos contenedores de carga sin ventilación. El mes siguiente, 24 personas que eran retenidas contra su voluntad fueron encontradas en una casa de seguridad.

  • Últimamente han sido tantas las persecuciones de alta velocidad que involucran a agentes de la ley y traficantes en Uvalde, Texas —entre febrero y mayo hubo 50 de ellas en la ciudad—, que algunos empleados escolares dijeron que no habían tomado en serio la orden de resguardo durante el tiroteo masivo de mayo porque en el pasado ya se habían ordenado demasiados cierres de emergencia cuando los contrabandistas atravesaban las calles a toda prisa.

Teófilo Valencia, cuyos hijos de 17 y 19 años murieron en la tragedia de San Antonio, dijo que había usado la casa familiar como garantía de un préstamo para pagar a los traficantes 10.000 dólares por el traslado de cada uno de los muchachos.

Las tarifas suelen ir de los 4000 dólares para los migrantes procedentes de América Latina, hasta los 20.000 en el caso de quienes deben ser transportados de África, Europa del Este o Asia, según Guadalupe Correa-Cabrera, experta en contrabando en la Universidad George Mason.

Durante años, los coyotes independientes pagaron a los cárteles por la autorización de trasladar a los migrantes que controlaban en la frontera y las organizaciones criminales se limitaban a su línea tradicional de negocio —el narcotráfico—, que era mucho más rentable.

  • En 2019 eso empezó a cambiar, dijo el año pasado ante el Congreso Patrick Lechleinter, el director adjunto en funciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de EE. UU. La gran cantidad de personas que buscan cruzar hizo que el contrabando de migrantes se convirtiera en una fuente de dinero irresistible para algunos cárteles, dijo.
  • Los emprendimientos tienen equipos que se especializan en logística, transporte, vigilancia, casas de seguridad y contabilidad, todo en apoyo de una industria cuyos dividendos han ascendido de 500 millones de dólares en 2018 a 13.000 millones de dólares en la actualidad, según las Investigaciones de Seguridad Nacional, la agencia federal que investiga estos casos.

Los migrantes son transportados en avión, autobús y vehículos particulares. En algunas zonas fronterizas, como en el estado mexicano de Tamaulipas, los contrabandistas ponen bandas de colores en las muñecas de los migrantes para indicar que les pertenecen y qué tipo de servicio reciben.

  • Hace poco, los grupos de familias centroamericanas que cruzaron el río Bravo hacia La Joya, Texas, llevaban brazaletes azules con un delfín, el logotipo del Cártel del Golfo, y la palabra “entregas”, una señal de que tenían planes de entregarse a las autoridades estadounidenses y pedir asilo. Una vez que cruzaban el río ya no eran asunto del cártel.
  • Antiguamente, los migrantes que llegaban a Laredo, Texas, vadeaban el río por su cuenta y se perdían en un espeso paisaje urbano. Ahora, según entrevistas con migrantes y oficiales de las agencias de seguridad, es imposible cruzar sin pagarle a un coyote vinculado al Cártel del Noreste, una facción escindida de los Zetas.

A menudo, los contrabandistas reclutan adolescentes para transportar a los recién llegados a casas de seguridad en barrios de clase obrera. Luego de que reúnen a varias decenas de personas, ponen a los migrantes en camiones estacionados en el gran distrito de almacenes de Laredo cerca del Killam Industrial Boulevard.

“Los choferes son reclutados en bares, sitios de estriptís, paradas de camiones”, dijo Timothy Tubbs, quien fue agente especial adjunto a cargo de Investigaciones de Seguridad Nacional para Laredo hasta que se jubiló en enero.

  • Las plataformas que transportan migrantes se mezclan con los 20.000 camiones que viajan diariamente en la autopista I-35 hacia y desde Laredo, el puerto terrestre más transitado del país. Los agentes de la Patrulla Fronteriza apostados en los puntos de control inspeccionan solo una parte de todos los vehículos para garantizar que el tráfico siga fluyendo.

El tractocamión descubierto el 27 de junio con su carga trágica había pasado un puesto de control a unas 48 kilómetros al norte de Laredo sin levantar sospecha. Para cuando se detuvo tres horas después en un camino alejado de San Antonio, la mayoría de los 64 ocupantes ya habían muerto.

Migrantes, un festín de extorsión y crueldad para el crimen organizado

De acuerdo con Guadalupe Correa-Cabrera, especialista en tráfico humano de la Universidad George Mason, el crimen organizado está aprovechando la desesperación que genera la ausencia de vías legales y expeditas para migrar.

  • “Dada la falta de suficientes vías de migración legal para las personas desplazadas por razones económicas, sociales o crisis políticas en las Américas, y la gran cantidad de migrantes que salen de estas zonas, la mayoría de la migración a los Estados Unidos desde estos países ocurre de manera irregular o ilícita, y está diseñada por sofisticadas organizaciones de contrabando de personas”, explica Correa-Cabrera en un análisis publicado por la Universidad de Harvard.

El resultado ha sido un festín de extorsión y crueldad para el crimen organizado. “Los contrabandistas transnacionales han demostrado ser extremadamente hábiles para explotar las debilidades en la frontera de Estados Unidos”, explica Correa-Cabrera.

“Han desarrollado comunicación avanzada, capacidades de inteligencia, financieras, de transporte y logísticas para facilitar el movimiento ilícito de personas -dentro del continente y de más allá del hemisferio. También han desarrollado nuevos métodos de contrabando y alianzas más sólidas con el crimen organizado (incluido el narcotráfico)”. El panorama migratorio, dice la experta, es ahora “significativamente más peligroso”.

  • El reporte del New York Times describe un sistema bien aceitado, que incluye el reclutamiento agresivo de conductores de camiones para el contrabando, muchos de ellos menores de edad, que hacen lo que tienen que hacer bajo amenazas. Las redes extorsionan de manera cotidiana, y no se tocan el corazón para torturar a quien, por alguna razón, no puede pagar lo que se exige.

El problema es tan grande que Correa-Cabrera recomienda desarrollar una estrategia inédita para desmantelar esas nuevas redes de tráfico humano que involucre a diversas agencias dentro del Gobierno estadounidense.

“El objetivo final es debilitar y disuadir a las organizaciones de tráfico de personas a través de acciones específicas calculadas para tener los mayores efectos que desestabilicen y desmantelen”, explica. Esto, dice, debe ser “prioridad de seguridad nacional”.

Este diagnóstico nos obliga a poner el drama en toda su perspectiva moral. Imagine el lector a un migrante que se ha endeudado hasta con lo que no tiene para ir al Norte. No le queda nada, más que sueños y deudas. Ahora imagine a esa persona -indefensa, desconcertada, desprotegida por completo- en las garras de esos criminales que han hecho de México un cementerio. Imagine usted que ese migrante es un niño, o una joven mujer.

Crimen marca a migrantes como al ganado

Con la ola migratoria descontrolada desde finales de 2018, las organizaciones criminales han enfocado sus baterías en el secuestro y a quienes logran pagar su rescate los marcan, a quienes no, los desaparecen.

«Ahora los marcan de la nariz para que vayan por toda la república y sepan que ya pagaron, los marcan de la nariz, esa marca empieza aquí en el estado de Veracruz en la nariz les cortan con una navaja, en la nariz, entre ceja y ceja», explicó un defensor de migrantes que pidió omitir su nombre.

  • Al entregar las pruebas de este nuevo fenómeno, explicó que la herida significa que fueron secuestrados y que pagaron su rescate, pero también que tienen familiares en Estados Unidos, es decir, abre la posibilidad de obtener más recursos. De acuerdo a los testimonios recabados por MILENIO, las víctimas pagan entre 70 mil y 130 mil pesos para ser liberados.

Los migrantes que son recibidos en refugios de la entidad identifican los puntos en donde ocurren con frecuencia los secuestros: la carretera libre de Acayucan al puerto, Coatzacoalcos, Alvarado, Catemaco, Tierra Blanca y Tres Valles. Y aún más grave, acusan complicidad de las policías municipales y funcionarios del Instituto Nacional de Migración (INM) pues si no se concreta el secuestro son víctimas de robo, tortura o violaciones. Y siempre los tienen asegurados con esposas.

La Coordinación Nacional Antisecuestro reportó que en los primeros cinco meses del 2022, se registraron 68 secuestros de migrantes, mientras que en todo 2021 fueron 66 y en 2020, 17.

  • En la solicitud de información 331001322000052 que entregó la Conase a MILENIO, se detalla que de los 68 secuestros el 77 por ciento ocurrieron en Veracruz con 53 casos, el resto fueron en Baja California con un registro y Chihuahua con 14. Sin embargo, pese a tener la información desglosado, la autoridad negó tener conocimiento de la nacionalidad de las víctimas de secuestro.

Otro defensor consultado sobre el tema explicó que conforme pasan los meses aumenta el número de migrantes a los que les dan refugio y ya no son solo centroamericanos, sino que están llegando de Venezuela, Haití, Perú, Colombia, Puerto Rico, Brasil y de lugares tan lejanos como Ghana y Bangladesh, entre ellos muchos niños y mujeres embarazadas.

En los registros que llevan, contabiliza que hasta un 60 por ciento de los migrantes han sido víctimas de algún delito grave.

«Tenemos la casa llena, tenemos 120 personas, tenemos 52 niños, son familias que están huyendo… Ya hay mucho aumento de migrantes está aumentando tenemos casi lleno y sigue aumentando la garita llena de familias. Podría decir que aumentó como un 30 por ciento más del año pasado, 30 o 40. Sigue creciendo sí. Ahora se da muchísimo en esta zona lo de los tráileres con gente, por ejemplo».

Aún sabiendo el peligro, los migrantes siguen intentando llegar a Estados Unidos con el poco dinero que tienen y los que sobreviven a los secuestros arrastran más pobreza, traumas y hasta las fotografías que los criminales les enviaron a sus familiares para pedir el rescate.

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