Un giro inesperado en el fenómeno migratorio encendió las alarmas de organismos internacionales. Más de 14,000 migrantes, en su mayoría venezolanos, que tenían como destino Estados Unidos decidieron regresar hacia el sur de América Latina, según datos de la ONU recopilados por los gobiernos de Colombia, Panamá y Costa Rica. La cifra sorprende en un año donde las rutas habituales han cambiado radicalmente.
El llamado “flujo inverso” se da tras una reducción histórica del tránsito por el peligroso Tapón del Darién, que ha visto una caída del 97% en cruces en 2025. Este corredor selvático, que conecta Colombia con Panamá, había sido uno de los puntos más críticos en la crisis migratoria de la región. Sin embargo, nuevas restricciones, mayor vigilancia fronteriza y cambios en las políticas de tránsito han llevado a miles a desistir de su recorrido hacia el norte.
De acuerdo con los reportes, el 97% de los entrevistados son venezolanos, y al menos la mitad manifestó su intención de regresar a su país de origen. Otros consideran asentarse en naciones como Colombia, Ecuador o Perú, en busca de alternativas menos riesgosas. Para muchos, la imposibilidad de avanzar hacia Estados Unidos por vías regulares, sumada al desgaste físico y económico del trayecto, ha sido determinante para dar marcha atrás.
Organizaciones humanitarias advierten que este fenómeno revela la vulnerabilidad extrema de quienes migran. Muchos de los retornados ya habían enfrentado violencia, extorsiones, estafas y condiciones climáticas adversas durante su paso por Centroamérica. En algunos casos, familias completas quedaron atrapadas entre deudas y sin recursos, lo que incrementa la presión social en las comunidades de retorno.
Expertos en migración señalan que este retroceso no significa el fin del fenómeno, sino una transformación en los patrones de movilidad. La migración irregular continúa siendo un riesgo latente: las rutas se vuelven más clandestinas, peligrosas y controladas por grupos criminales, lo que aumenta la probabilidad de que los migrantes caigan en redes de trata o explotación laboral.
El panorama muestra que, aunque muchos han desistido temporalmente de cruzar hacia Estados Unidos, el problema de fondo persiste: miles de personas siguen buscando mejores oportunidades. La ONU y varias organizaciones insisten en la necesidad de atender las causas estructurales de la migración, al tiempo que recalcan los riesgos de emprender el camino sin documentos. La decisión de miles de regresar al sur es, para algunos, una medida de supervivencia frente a un trayecto cada vez más incierto.